300 millones de pilas recuperadas: el reto de cerrar el ciclo de estos residuos

Alberto Ladino, director de Pilas con el Ambiente. 

Cada vez que una pila termina su vida útil comienza un nuevo desafío: evitar que sea desechada junto con la basura convencional y lograr que sus materiales puedan recibir un tratamiento adecuado y, cuando sea posible, regresar a procesos productivos. En un país donde el uso de dispositivos electrónicos, herramientas, juguetes y tecnologías portátiles continúa creciendo, fortalecer los sistemas de posconsumo se vuelve fundamental para avanzar hacia una economía más circular.

La importancia de este proceso está en que una pila usada no debe seguir la misma ruta de los residuos ordinarios. Su gestión requiere recolección diferenciada, transporte, clasificación y tratamiento especializado, con gestores autorizados que permitan recuperar materiales y reducir los impactos asociados a una disposición inadecuada.

El desafío, por tanto, no termina en lograr que el ciudadano separe el residuo. También implica contar con infraestructura, educación ambiental, capacidad técnica y mecanismos que conecten la recolección con procesos de aprovechamiento.

En este contexto, la experiencia de Pilas con el Ambiente constituye uno de los ejemplos de mayor trayectoria en el país. La iniciativa cumple 15 años promoviendo la entrega responsable de pilas y acumuladores y, durante este periodo, ha logrado recuperar cerca de 5.500 toneladas de residuos equivalentes a 300 millones de pilas.

La magnitud del resultado permite dimensionar el alcance de esta operación: el volumen recuperado equivaldría aproximadamente a cuatro veces la altura de la Torre Colpatria si se representara como una columna de pilas.

Una infraestructura que se construyó durante 15 años

Cuando Pilas con el Ambiente inició sus actividades, el país no contaba con capacidad para facilitar al ciudadano la entrega diferenciada de estos residuos. Hoy, la iniciativa dispone de más de 7.000 puntos de recolección en los 32 departamentos y más de 400 municipios.

Esta red ha sido posible con la articulación de empresas, instituciones educativas, entidades públicas y comunidades, que participan como aliados para facilitar espacios, convocar a los ciudadanos y multiplicar el mensaje sobre la importancia del posconsumo.

“El posconsumo funciona cuando existen dos condiciones: que el ciudadano tenga claro qué debe hacer con el residuo y que encuentre una infraestructura que le permita hacerlo de manera sencilla. Durante estos años hemos trabajado precisamente en conectar esos dos elementos”, afirma Alberto Ladino, director de Pilas con el Ambiente.

El componente educativo ha sido especialmente relevante. El trabajo desarrollado en instituciones escolares ha permitido involucrar a niños, niñas y adolescentes como multiplicadores de buenas prácticas ambientales dentro de sus hogares y comunidades.

¿Qué ocurre después de entregar una pila?

El verdadero proceso de posconsumo comienza una vez el ciudadano deposita el residuo en un punto habilitado. Las pilas son transportadas a plantas de gestores autorizados por las autoridades ambientales, donde se clasifican de acuerdo con su tecnología para definir el tratamiento correspondiente.

De las pilas alcalinas y zinc-carbón se recuperan materiales como óxidos de zinc y manganeso y partículas metálicas, que pueden tener diferentes aplicaciones industriales. En los acumuladores utilizados en computadores portátiles, tabletas y celulares se pueden recuperar litio, cobalto, coltán, níquel, acero, aluminio y plástico, algunos de los cuales tienen potencial para reincorporarse en cadenas productivas o participar en la fabricación de nuevas baterías.

La apuesta por aprovechar estos materiales también ha llevado a destinar más de $1.700 millones a proyectos de investigación y desarrollo (I+D), orientados a encontrar nuevas alternativas para reincorporar los subproductos en procesos industriales.

De esta manera, el posconsumo va más allá de evitar que un residuo llegue a un relleno sanitario: busca recuperar materiales, reducir la presión sobre los recursos naturales y mantener el mayor tiempo posible los componentes dentro de los ciclos productivos.

El reto de las nuevas generaciones de baterías

El avance de la tecnología plantea ahora nuevos desafíos. La expansión de dispositivos electrónicos y, particularmente, de movilidad eléctrica, incrementará la presencia de baterías con composiciones y características diferentes, lo que exigirá desarrollar nuevas capacidades de gestión.

Para Pilas con el Ambiente, este será uno de los frentes de trabajo hacia los próximos años, junto con el propósito de aumentar la cantidad de residuos recuperados, fortalecer la comunicación con los consumidores mediante herramientas digitales y continuar desarrollando proyectos de investigación y nuevas tecnologías.

“La gestión de pilas también tiene que evolucionar al ritmo de la tecnología. El reto es anticiparnos a los nuevos tipos de baterías, desarrollar conocimiento y garantizar que los materiales puedan aprovecharse cada vez mejor”, señala Ladino.

Así, el balance de Pilas con el Ambiente después de 15 años — 5.500 toneladas gestionadas,  300 millones de pilas recuperadas, más de 7.000 puntos de recolección en todo el país y proyectos de I+D financiados — muestra cómo la combinación de infraestructura, educación y participación ciudadana puede convertir el posconsumo en una práctica con impacto ambiental y potencial para la economía circular. 

Mayores informes: www.pilascolombia.com 


Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente